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Luz Castaños (centro) nació en Nueva York en 1929.  Su madre (izq) había nacido en la Zona del Canal de Panamá durante la construcción del Canal, donde los abuelos maternos de Luz habían puesto un restaurante y fonda.

Luz Castaños (centro) nació en Nueva York en 1929. Su madre (izq) había nacido en la Zona del Canal de Panamá durante la construcción del Canal, donde los abuelos maternos de Luz –pucelanos los dos– habían puesto un restaurante y fonda durante la construcción del Canal.  El padre de Luz, Avelino Castaños Garay, había emigrado del País Vasco a Cuba y de Cuba a Nueva York.

“Spaniards in the Americas”; for many, this expression will surely evoke images of the conquistadors and missionaries who, on behalf of the Spanish Crown, conquered and colonized vast swaths of the American continents –South, Central and North—in the XVIth, XVIIth and XVIIIth centuries.

Few people realize, however, that the number of Spaniards who emigrated from the Iberian Peninsula to the Americas in the half-century between 1880 and 1930 is far greater than the number of those who made the same journey during the previous four centuries; that is to say, since Columbus’s first voyage in 1492 until the year 1880.  In other words:  the presence of large numbers of Spaniards in the Americas is, in reality, a result not of the establishment and maintenance of the Spanish Empire, but rather, of the dissolution and end of that empire.  These hundreds of thousands of enterprising Spaniards responded to the promise of social mobility generated by the independence of Spain’s former colonies; the “loss” of Cuba an Puerto Rico, in 1898, ended up strengthening the flow of emigrants from Spain to those two islands and to the United States.

Spain contributed significantly to the vast wave of emigration of Europeans to the Americas which, in the late XIXth and early XXth century, radically transformed the three continents.  It is estimated that some 4 million Spaniards decided to “try the Americas” in the fifty-year period between 1880 and 1930.

The vast majority of the Spaniards in this diaspora were workers or peasants; many came from the northern Cantabrian coast of the peninsula:  from Galicia to the Basque Country, including Asturias and Cantabria.  Most of these emigrants had, as their original destination, points in Spanish-speaking America.  A significant number, nonetheless, would wind up in the United States, either directly from Spain, or as “rebound” emigrants, who re-emigrated to the US after stints in Spanish America.

Many of those who arrive directly from Spain to the United States in the early decades of the twentieth century are actively recruited by US companies looking for manpower in very defined industrial sectors.  Such is the case of the asturianos who were brought to work in the zinc foundries and coal mines of West Virginia, Pennsylvania, Kansas and elsewhere; of the Cantabrians who came to work in the granite quarries of Vermont; or the Andalusians recruited to work on sugarcane plantations in Hawaii, for example.

But the majority of Spanish immigrants in the United States were “rebound” immigrants; that is to say, they re-emigrate to the US after having emigrated from Spain to Spanish-speaking America.  We would do well to remember that in this very same period, the definitive dissolution of the Spanish Empire (the loss of Cuba and Puerto Rico) coincides with –and, is in fact accelerated by—the ascent of the United States as a country determined to become a great power in the hemisphere and in the world.  As Spanish sovereignty over the vestiges of its American empire gets weaker and weaker, the political, economic and cultural links between the US and Spanish-speaking America grow stronger and more diverse.  It is in the context of these geopolitical transformations –in the space opened open “between empires”—that the presence of Spaniards in the United States will increase significantly.

Historial

“Españoles en las Américas”; para muchos, esta frase evocará sin duda imágenes de los conquistadores y frailes que en nombre de la corona española conquistaron y colonizaron buena parte de los continentes americanos –sur, centro y norte– en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Muy pocas personas se dan cuenta, sin embargo, de que el número de españoles que emigraron de la península ibérica a las Américas en el medio siglo que va de 1880 a 1930 supera por mucho el número de los que hicieron el mismo viaje durante los casi cuatro siglos anteriores, es decir, desde el primer viaje de Colón en 1492 hasta el año 1880.  Dicho en otras palabras:  la presencia de grandes números de españoles en las Américas es, en realidad, un resultado no del establecimiento y mantenimiento del imperio, sino más bien de la disolución y el final del mismo.  Estos centenares de miles de españoles emprendedores respondieron a las promesas de movilidad social generadas por las repúblicas independientes americanas; y la “pérdida” de Cuba y Puerto Rico en 1898 acabó fortaleciendo el flujo migratorio de España tanto a esas dos islas como a Estados Unidos 

 España contribuyó significativamente a la vasta oleada de emigración de europeos a las Américas que, a finales del XIX y principios del XX, transformó de manera radical los tres continentes.  Se calcula que unos 4 millones de españoles decidieron “hacer las Américas” en ese período de cincuenta años entre 1880 – 1930.

La gran mayoría de los españoles de esta diáspora eran obreros o campesinos; muchos procedían de la cornisa cantábrica de la península:  desde Galicia hasta el País Vasco, pasando por Asturias y Cantabria.  La mayor parte de estos emigrantes tenía como destino inicial algún punto de la América hispanohablante.  Un número considerable, sin embargo, acabaría en Estados Unidos, ya sea directamente de España, ya sea “de rebote”: es decir, después de periplos en diversos puntos de Hispanoamérica. 

Algunos de los que llegan directamente a Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX vienen reclutados por empresas estadounidenses para trabajar en sectores industriales muy definidos:  tal es el caso de los asturianos en las fundiciones de zinc y minas de carbón en West Virginia, Pennsylvania, Kansas, y otros lugares; de los cántabros en las canteras de granito en el estado de Vermont; o de los andaluces en las plantaciones de azúcar en Hawaii, por ejemplo.

Pero la mayor parte de los inmigrantes españoles en Estados Unidos de este periódo son “de rebote”; es decir: re-emigran a EEUU desde distintos puntos de la América de habla hispana.  Conviene recordar que en este mismo período, la definitiva disolución del imperio español (pérdida de Cuba y Puerto Rico) coincide con  –de hecho viene impulsada por– el ascenso de Estados Unidos como país con pretensiones de gran potencia hemisférica y global.  Así es que a medida que se va eliminando la soberanía española en los vestigios de su imperio americano, van multiplicándose y fortaleciéndose los vínculos políticos, económicos y culturales entre Estados Unidos y la América hispana; y es en este contexto de transformaciones geopolíticas  –en este intersticio “entre imperios”– cuando aumenta significativamente la presencia de españoles en EEUU. 

***

 

4 Responses to Background

  1. JoAnne says:

    Mi marido es el conquistador de mi corazón, y es español…

  2. manuel says:

    Mi bisabuelo emigró a Florida en 1910 y posteriormente se mudó a la ciudad de Nueva York. Después de 30 años regresó a España. Formidables historias de Estados Unidos siempre nos contó.

  3. Lisa Chadwell says:

    My great grandfather came over to Hawaii in about 1910.
    I was curious if there was a passengers log or manifest..
    His name was Rafael Campos Marfil. He traveled with his wife and children from Malaga, Spain..
    Would you have any info on this.

    • espanyu says:

      Hi, Lisa. We have tons of information about the Hawaiian Spaniards, and, if I remember correctly, specific information about your great grandfather. We have done extensive interviews with Frank Campos, of Monterey, who is a grandson of Rafael Campos Marfil. We’ll email you with more info!

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