Goya Foods, Inc.

Una versión levemente editada de este artículo apareció en el suplemento “Crónica” del diario español El Mundo, 1 de noviembre de 2020, pp. 50-51.

“Es para todos nosotros una verdadera bendición tener como líder al Presidente Trump”. Este elogio, dirigido al mandatario estadounidense el pasado mes de julio en un acto celebrado en la Casa Blanca, desató una controversia que sigue resonando más de tres meses después en las “bodegas” de las esquinas de los barrios hispanos de EEUU, en los medios de comunicación internacionales, y hasta en los discursos de la campaña presidencial.  

El que tuvo a bien exaltar al mandatario republicano en estos términos es Robert Unanue, CEO de la mayor empresa familiar hispana en Estados Unidos –Goya Foods– y nieto de su fundador, Prudencio Unanue Ortiz. Tras el piropo que Unanue lanzó a Trump durante un encuentro de emprendedores latinos, las redes sociales se encendieron con llamados de destacados hispanos a boicotear los productos vendidos por esta gigantesca distribuidora de comestibles fundada en Nueva York en 1936 por un emprendedor burgalés.  Como respuesta al anunciado boicot y para demostrar su apoyo a Unanue y su marca, Trump se hizo retratar en su despacho rodeado de productos Goya, como si se tratara de un spot publicitario oficial hecho desde la Casa Blanca (Algo que, en rigor, es ilegal).   Trump difundió la imagen publicitaria por twitter.  La polémica estaba servida.  

Pero dejemos a un lado –por ahora– la controversia, y aprovechemos la gran oportunidad que nos brindan los titulares para reflexionar sobre la vida extraordinaria de Don Prudencio Unanue, sobre la desconocida emigración española a EEUU de la que forma parte, y, de paso, sobre los relatos erróneos o imprecisos que solemos armar en torno al fenómeno de la emigración.  ¿Quién era este burgalés que hace un siglo montó lo que sería un verdadero imperio comercial de productos alimenticios latinos en Estados Unidos?  

El retrato arquetípico del emigrante triunfador tiene contornos nítidos en EEUU, sobre todo cuando se dibuja dentro del marco de la mitología del hombre “hecho a sí mismo”.  El emigrante sale de un pequeño pueblo con lo puesto. En la maleta no lleva más que arrojo e ingenio. Cuánto más desposeído es al abandonar su casa, más impactante será el relato de su ascenso.   No le acompaña nadie. Siempre tiene la marea en su contra; las circunstancias históricas casi nunca le son favorables, son más bien otros tantos obstáculos que el héroe tendrá que superar con su trabajo y astucia. No le ayuda nadie.  Las comunidades en las que se mueve, en las que crece, que le apoyan, suelen pasar en estos relatos a un borroso segundo o tercer plano. A veces desaparecen del todo.  Ni asomo, por lo general, de la mujer, de las mujeres.  Y en el cuento convencional del héroe hecho a sí mismo, nada o casi nada puede ser aleatorio, todo tiene que acabar obedeciendo a un plan providencial.   Es como si la colaboración, la solidaridad o, simplemente, el azar y la buena suerte les fueran a quitar valor a las historias que verdaderamente importan, que son las de individuos  intrépidos y singulares.  Los triunfos ejemplares en EEUU son casi siempre “a pesar de…” y casi nunca “gracias a…” Y si la culpa del fracaso se suele distribuir ampliamente entre otros muchos, en el país del self-made man, el mérito del éxito suele representarse como monopolio del individuo.

Prudencio Unanue y Carolina Casal Valdés, c. 1921. La foto, y mucha información sobre la vida de Don Prudencio procede del libro de Guillermo A. Baralt If It’s Goya …It Has to Be Good, 75 Years of History (2011).

Sería difícil encontrar un ejemplo más contundente y más impresionante del emigrante triunfador que el de Don Prudencio Unanue Ortiz, sobre todo si definimos en términos económicos el concepto del éxito.  Nació en 1886 en un pequeño pueblo del norte de Burgos –Villasana de Mena.  Cuando murió, en Río Piedras, Puerto Rico, casi 90 años después, pudo dejar a su extensa familia una enorme empresa internacional, que hoy, más de cuarenta años después de su muerte, sigue en manos de la familia, y sigue innovando, creciendo, y acaparando titulares.  Prudencio Unanue Ortiz era, no cabe duda, un hombre excepcional:  inteligente, astuto, trabajador, honrado y solidario; intentar contextualizar su vida no le quita ningún mérito en absoluto.   

Pero las peripecias de la biografía del fundador de Goya Foods nos ayudan a poner en entredicho –o por lo menos a matizar– muchos de los lugares comunes de aquellas “success stories” que tanto circulan enlatadas por EEUU y el mundo.  Y de paso nos puede ayudar, acaso, a comprender mejor las ampollas que levantó en algunos el comentario elogioso de su nieto.

Ni era pobre…  Es tentador pensar que son los más desafortunados, los más indigentes, los que se lanzan a la emigración, en aquel entonces y ahora.  Pero no suele ser el caso en general –hace falta algo de capital contante y sonante, y bastante capital humano, para emprender una aventura de este tipo– y no lo fue para Don Prudencio.  Procedía de una familia acomodada; su padre incluso llegó a ser alcalde de Villasana de Mena tres veces.   

Ni fue solo…  La emigración en general, y la española en particular, se suele organizar por redes familiares o comarcales, aunque luego los descendientes, o los mismos inmigrantes, reduzcan –con mucha literatura– una gran historia coral en una epopeya individual.  Don Prudencio emigró en 1903 acompañado de un primo de su familia materna, y los dos se dirigieron a Puerto Rico, donde ya vivía desde 1870 un hermano de su madre, el consolidado empresario Julián Ortiz Sainz.

Sí tuvo –y creó– importantes apoyos familiares y comunitarios… En San Lorenzo, Puerto Rico, Unanue se enamoraría de una joven gallega, Carolina Casal Valdés, de Caldas de Reis (Pontevedra). Carolina, después de quedar huérfana de niña, había ido a vivir a Puerto Rico con su abuelo materno, un potente terrateniente que también había sido alcalde de su municipio. Se casaron Prudencio y Carolina en 1921.  Este tipo de matrimonio –burgalés con gallega– acaso se daba con más facilidad en la emigración que en la península; de todas maneras, así se entrelazaron dos tupidas redes de contactos que serían decisivas para el futuro fundador de Goya Foods, Inc.

Las circunstancias históricas –complicadas, adversas– también generaron grandes oportunidades… A Don Prudencio le tocó vivir tiempos muy convulsos, sin duda. Y no habría sido nada fácil para él saber sortear los obstáculos que la historia le iba poniendo en el camino.  Llega a un Puerto Rico inmerso todavía en la turbulencia del traspaso de España a Estados Unidos de la “tutela” de la isla; y en las primeras décadas del siglo XX le tocarán pandemias, guerras y depresiones económicas.  Pero viene a cuento aquello de río revuelto, ganancia de pescadores.  Unanue supo aprovechar los vínculos cada vez más estrechos entre Puerto Rico y Nueva York, para dar el salto a la Gran Manzana durante la Gran Guerra, en principio para realizar estudios de estenografía, mecanografía y dictado, en el Albany Business College.  En la ciudad de Nueva York encontraría por esos años una pequeña colonia de inmigrantes españoles –otra valiosa red de contactos y futuros clientes–, y una gran colonia de inmigrantes hispanohablantes de otros países. En las abigarradas calles de Brooklyn o Harlem o del Lower East Side, le tocaría ver muy de cerca cómo la población de puertorriqueños crecía de forma vertiginosa. La concesión de la ciudadanía estadounidense a los nativos de la isla en 1917 provocaría una diáspora masiva de Puerto Rico a Nueva York que cambiaría para siempre tanto el destino de la ciudad como el de Prudencio.  Buscó trabajo en la ciudad primero como agente de aduanas; luego puso un pequeño negocio de importación y exportación de productos comestibles hispanos en el Bajo Manhattan. Volvió a Puerto Rico en 1921 para casarse con Carolina; ya para 1924, encontramos a la pareja y su primogénito instalados en Nueva York de forma definitiva. Pero Goya Foods aún no existe.

Lo azaroso no quita lo meritorio… Y la marca “Goya”: ¿cómo entra en la historia?  Un cronista romántico podría querer imaginarse que el empresario burgalés, ya casi cincuentón, y sintiendo nostalgia por la gran cultura de la madre patria, quiso rendir homenaje a uno de sus grandes artistas, creando ex profeso una marca para sus productos del terruño con el nombre del genial pintor aragonés.  Pero la historia real es bastante más pedestre –o acuático, si se quiere: allá por el fatídico año de 1936, un amigo español de Unanue le vendió un lote de mercancías que acababa de llegar de Marruecos para que el burgalés lo revendiera: 500 latas de sardinas en aceite de oliva, con el nombre Goya impreso en las etiquetas. Se cuenta que Unanue vio que se vendieron muy bien aquellas latas, y que las cuatro letras de GOYA eran bastante más fáciles de pronunciar y recordar en español e inglés que las seis de UNANUE. Compró la marca por un dólar, y a partir de ese momento, empezó a comercializar todos sus productos –legumbres en conserva, aceite de oliva, aceitunas y demás encurtidos– bajo esa marca. Así, casi al azar, nació un imperio.  

En las décadas siguientes, la población hispana de Nueva York –y del resto de Estados Unidos– iría aumentando y diversificándose de manera asombrosa.  Y cada nueva oleada de emigrantes hispanos podría contar con la amplia gama de productos Goya, para aliviar, en la mesa por lo menos, las traicioneras punzadas de la nostalgia.  Y poco a poco, los inmigrantes fueron haciendo suya la marca, apropiándosela, podríamos decir, convirtiéndola en una parte insoslayable de su experiencia, de su historia, de su identidad.          

Volvamos a la controversia. ¿A quién pertenece una marca comercial? La pregunta es a todas luces una perogrullada: en lo jurídico, una marca registrada pertenece claramente a sus propietarios o accionistas.  Pero si nos alejamos del orden fiscal, vemos que hay algunas marcas comerciales que llegan a parecerse a, por ejemplo, los clubes deportivos; que si bien son propiedad legal de unos pocos socios o accionistas, también son percibidos o vividos como “propios” por una gran comunidad de aficionados o consumidores.  Algo parecido ha ocurrido, creo yo, con Goya Foods, y necesitamos contar con ese “algo” si queremos comprender el alcance y la profundidad de la polémica suscitada por los elogios que Robert Unanue dirigió en la Casa Blanca hace tres meses a un presidente que ha denostado sistemáticamente a los inmigrantes hispanos.   En un plano, Goya Foods es propiedad indiscutible de los descendientes directos de aquel gran hombre que fue Prudencio Unanue Ortiz.  Pero en otro plano, la marca pertenece –o pertenecía, ya veremos– asimismo al patrimonio sentimental e identitario de todos aquellos inmigrantes hispanos anónimos que, mediante el consumo y la afiliación afectiva, también construyeron a su manera, Goya Foods. 

 

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El cajón de los billetes abiertos

El abuelo y tocayo del autor de este nuevo libro emigró de León a EEUU en 1920. Había estado antes en la Argentina. Por lo visto, a Emilio Silva Faba le gustó tanto lo que vio en Nueva York, que decidió montar allí un negocio, importando productos de España para venderlos a la creciente colonia de emigrantes españoles que se iba fraguando en aquellos años en La Gran Manzana. Quiso hacer un viaje rápido a España antes, acaso para firmar acuerdos con productores de su Bierzo natal, aquella comarca entre León y Galicia, de suelo feraz y micro-clima mediterráneo, cuyos productos agrícolas tenían –y tienen– muy merecida fama. El caso es que Emilio compró un billete de barco de ida y vuelta: NY-Vigo-NY. Se despediría de los parientes que le habían acogido en Nueva York, y desde el muelle, entonaría un “hasta pronto”. Pero ese billete de vuelta, no lo llegó a usar nunca…

Lo que es la vida… Estando de paso en su pueblo natal, se le cruzó en el camino el amor. Se llamaba Modesta Santín. Cambio de planes. El billete de vuelta lo guarda en un cajón. Se casaron Emilio y Modesta y tuvieron varios hijos. Emilio sí acabaría montando su “almacén de coloniales” o “tienda de ultramarinos” pero no allende los mares, no en la lejana Nueva York, sino en su propia tierra, en Villafranca del Bierzo. La familia y el comercio crecieron a la par durante la segunda mitad de la década de los ’20. Emilio vio con optimismo y esperanza la llegada de la Segunda República en el ’31 — conocía algo de otras dos repúblicas –La Argentina y Estados Unidos– y sabemos que era un defensor acérrimo de la educación pública, gratuita y laica. Militaba en el partido moderado de Manuel Azaña, Izquierda Republicana.

Lo que es la vida… estando de nuevo asentado en su Bierzo natal, construyendo una familia, un comercio, una democracia, se le cruzó en el camino la muerte. Tras el golpe de estado de julio de ’36, el poder fáctico de El Bierzo cae en manos de los fascistas, que durante varios meses acosan y extorsionan al tendero “con ideas”. En octubre, lo secuestran y asesinan. Tiran su cuerpo en una cuneta en un lugar desconocido, junto a otros doce lugareños que por un motivo u otro incomodaban a los pistoleros erigidos en estado.

Durante los largos años de la dictadura franquista, la viuda y los hijos de Emilio, entre ellos, el padre y también tocayo del autor de este libro, aprenderían, sobre todo, a callarse, a sufrir en silencio, a tapar una gran herida abierta.

Como en tantos otros casos del trauma inter-generacional, y de forma muy parecida a lo que vemos a menudo con el trauma de la emigración de nuestros invisibles, le tocaría a la tercera generación, al tercer Emilio, romper el silencio, destapar la herida, abrir los cajones donde nuestros abuelos guardaron sus billetes abiertos, los resguardos de tantos proyectos truncados, de tantos futuros nonatos. Hace exactamente 20 años, tras un trabajo propio de un ingenioso e infatigable detective, el periodista Emilio Silva Barrera pudo encontrar la fosa de su abuelo y de los otros doce de la Priaranza. Pudo exhumar a estas trece víctimas del franquismo, y en el proceso, con el objetivo de ayudar a miles de otras familias en situaciones parecidas, tuvo a bien fundar la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Agujeros en el silencio es una recopilación de algunos de los artículos que ha ido publicando Emilio Silva Barrera a lo largo de estas dos décadas, a partir del texto de 2000 que marcó un renglón subrayado en la inacabada lucha contra la impunidad del franquismo “Mi abuelo también fue un desaparecido”.

Agujeros en el silencio: Renglones de memoria contra la impunidad del franquismo (2000 – 2020). Postmetropolis Editorial, 2020.

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No todo son triunfos: triste historia de Monterrubio, Badajoz

Una consulta de descendientes revela otro caso de deportaciones

Saturnino Tobajas Medina tenía 49 años en 1920, cuando viajó de Vigo a Nueva York a bordo del SS Manchuria. Le acompañaba su hijo mediano, Isidoro, de 15 años. Saturnino era de oficio zapatero, se dedicaba a reparar y fabricar zapatos , llegando a tener hasta 5 o 6 trabajadores. Su mujer se llamaba Soledad Arellano Nuñez y eran padres de 7 hijos.

En la lista de pasajeros del Manchuria se ve que les acompañaban dos paisanos del mismo pueblo extremeño: Juan Suárez (de 39 años) y Antonio Blanco (de 25 años), todos de Monterrubio, Badajoz. Los cuatro declararon que pensaba recibirlos en Nueva York un amigo de apellido Suárez, que vivían en la Calle 14, en el corazón de la barriada española.

Saturnino e Isidoro por lo visto nunca llegaron a pisar la Calle 14. Por alguna razón –la familia sospecha que quizá fuera por un problema de salud del joven– no fueron admitidos al país. Sus nombres reaparecen un mes después en una lista de 13 pasajeros del SS Hamburg deportados a Vigo. Según los apuntes escritos a mano en el manifiesto del barco, algunos de los treces habían llegado como polizontes (“stowaways”); otro, porque tenía tracoma, una enfermedad contagiosa de los ojos; en cambio, Saturnino y Isidoro fueron denegados entrada, según las notas, porque alguien había dictaminado que eran “LPC” o “likely public charges”, es decir, que era probable que acabaran necesitando de ayudas públicas para sobrevivir. Desafortunadamente, no hay más detalles sobre lo que les puede haber llevado a las autoridad a llegar a esa conclusión.

Nos cuenta un bisnieto de Saturnino:

“Debido a la aventura de Saturnino con su hijo mediano Isidoro tuvieron que vender la casa junto con el taller zapatero sito en la misma y en la que vivía toda la familia e irse de alquiler, además también tuvieron que vender dos olivares y una viña, cosa que dejó a la familia en una situación económica complicada en aquellos tiempos. Después de aquello y siendo una familia numerosa deambularon por diferentes casas de alquiler por el pueblo y se buscaban la vida como buenamente podían.

Soledad, la mujer de Saturnino se dedicó al estraperlo de aceite entendemos que para sobrevivir después de la aventura de su marido.

No sabemos el motivo de la muerte de Saturnino pero al parecer al poco tiempo de volver de ese intento fallido de hacer las américas enfermó de algo que desconocemos y al poco tiempo murió. Isidoro ya de adulto se dedicó al trabajo en el campo.”

Estamos intentando ayudar a la familia a entender cómo habrá sido la estancia en Ellis Island ese otoño de 1920, y quiénes eran los paisanos que viajaban con Saturnino e Isidoro.

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Inmigrantes invisibles en Lackawanna, NY

Aprovechamos una consulta que nos hace la descendiente de un zamorano que vivió y trabajó en Lackawanna, New York para organizar algunos apuntes y recortes sobre nuestros invisibles en aquella ciudad industrial.

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“Time Office” de la acería Lackawanna, noviembre, 1918. (Imagen de insyte consulting: http://www.insyte-consulting.com/blog/2016/10/through-the-lens-wnys-industrial-past/

Lackawanna es una ciudad a las orillas del Lago Erie, al sur de Buffalo, en el Estado de Nueva York. Durante la primera mitad el siglo XX, Lackawanna fue una de las ciudades que más acero producía en todo el mundo. Hay acero de Lackawanna apuntalando tanto el Empire State Building de Nueva York como el Golden Gate Bridge de San Francisco. La Lackawanna Steel Company inició sus operaciones en la ciudad en 1902; luego fue adquirida por Bethlehem Steel Company (1922). En su apogeo, la acería de Lackawanna/Bethlehem tenía unos 20,00 empleados. Entre ellos, nos consta, un buen número de españoles, sobre todo en los años ’20 y ’30.

No hemos dado (todavía) con nuestro intrépido zamorano, pero los recortes del periódico La Prensa nos permiten imaginarnos su vida con más conocimiento. Vemos muchos de los mismos patrones que se vislumbran en todas las colonias de la época: el intento de seguir las noticias de España y del mundo (en español); el deseo de formar comunidad, de organizarse en distintas formas de solidaridad, entre ellas, una sociedad benéfica, social y deportiva, que organizaba veladas, funciones teatrales, partidos de fútbol, etc.   

26 de mayo de 1923

Un tal José Rogido dirige una carta al Director de la Prensa, explicando por qué ha dejado de suscribirse al periódico neoyorkino.

“El único motivo de no renovar la subscripción, es que un muchacho de Buffalo me la trae a mi casa todos los días, y con eso yo soy lo mismo un lector de LA PRENSA, que creo será lo mismo para Ud., y al mismo tiempo como muchos aquí en Lackawanna a comprarla, es un poco de alivio para el padre del muchacho, que tiene bastante familia.  Sin embargo, cuente Ud. que el día que el muchacho deje de traérmela, renovaré mi subscripción.”

13 de noviembre de 1923

JIRA ARTISTICA DE LA COMPANIA TEATRAL DIAZ LEON

“La Compañía Díaz de León, que cuenta con un “elenco” muy notable y entusiasta y que continuamente viene renovando su repertorio con interesantes dramas, graciosas comedias y sainetes en extremo cómicos y chispeantes, está haciendo una jira artística por diversas ciudades de este país, obteniendo como se merece el aplauso y los elogios del público. […]

Según nos comunica el señor Díaz de León, desde Buffalo, la mencionada compañía de dramas, comedias y variedades, radicará dos semanas en Buffalo…

En Lackawanna [dará representaciones] el martes 13, sábado 17, lunes 19, jueves 22 y sábado 24….”

16 de agosto de 1924

SE FUNDA UNA SOCIEDAD HISPANA EN LACKAWANNA

“Un grupo entusiasta y decidido de españoles residentes en Lackawanna, NY, han tenido la feliz iniciativa de formar una Sociedad Española, de carácter benéfico, social y deportivo, y esta idea, en el poco tiempo que fue dada a conocer ha adquirido tal importancia que sólo en veinteséis d’has que se ha fundado cuenta ya con 102 socios…

…Por ser los elementos hispanos de Lackawanna entusiasta y enamorados de todo aquello que tiende a exaltar los ideales de la raza, de aquí que esta idea no ha podido tener mejor acogida…

…La nueva sociedad organiza fiestas y diversas actividades, tanto en el sentido benéfico como social…”

26 de enero de 1925

En una lista de clubs hispanos e hispanoamericanos de balompié en Nueva York y otras partes de los Estados Unidos publicada en La Prensa, figura:

Hispano F.C., 427 Gates Ave, Lackawanna, NY, Sr. J. Alvarez

13 de febrero de 1925

UN BUEN EQUIPO EN LACKAWANNA, NY

Gracias a los esfuerzos constantes de sus organizadores y al entusiasmo y voluntad de sus socios, que hoy ascienden a un número considerable, el “Club Hispano de Lackawanna”, que fue fundado hace pocos meses, cuenta ya con un excelente equipo de balompié, que juega en la segunda división de la International League of the Niagara Border, en cuyas competencias ha jugado hasta ahora 8 partidos, ganando 4, empatando dos y perdiendo dos, según nos informa el actual presidente de la sociedad, señor José Rogido.

Funge como “manager” del equipo el señor Roberto J. Menéndez, y como capitán, el señor Luis Pla, cuya labor ha sido muy satisfactoria.

Nos manifiesta el señor Rogido que el club cuenta con suficientes socios aficionados al balompié para formar dos equipos más.

13 de febrero de 1925

El Lackawanna Hispano Club, 443 Gates Ave., Lackawanna, nos informa por medio de su presidente señor José Rogido, del progreso que ha hecho dicho club desde su fundación en el pasado mes de julio, el número de socios que en la actualidad cuenta que llega a unos doscientos y los bailes y veladas que vienen celebrando, anunciando que están haciendo grandes preparativos para la próxima temporada a fin de hacer figurar el equipo de football entre los primeros de su clase.

La directiva en la actualidad está formada por los señores siguientes:  presidente, José Rogido; vice-presidente, Agustín González; secretario, Antonio Peña; vicesecretario, Leandro Salterio; tesorero, Antonio Llamas; vicetesorero, Jesús Cosiña; vocales:  Tomás García, Manuel Moro, Emiliano López, Miguel González.

25 de marzo de 1925

TRIUNFO DEL C. HISPANO DE FUTBOL DE LACKAWANNA

En un partido jugado el domingo pasado en Lackawanna, N.Y., el Lackawanna Football Club, de esa localidad, venció al Celtics F.C., por tres “goals” a cero.

El partido principió a las tres de la tarde y la primera parte terminó con el “score” en blanco por ambas partes.

Los tantos fueron marcados, en el segundo tiempo, por Blanco, Trillo, y Santiago.

El Hispano se alineó así:  J. Galán-Ferreiro y J. Santos; J. Casto, Santiago y J. Corral; Trillo, G. Moro, Blanco, A Galán y E. Santos.

10 de abril de 1925

El Lackawanna Hispano Club, 442 Gates Ave., Lackawanna, NY.  El 3 de abril celebró este club junta general de elecciones de cobradores resultando electos por mayoría de votos los siguientes:  Cipriano Vidal y Francisco Patallo.

Otro de los acuerdos tomados contestando a nuestra información de hace días sobre el presidente del club benéfico “La Protectora” de Jessup, Pa, fue el iniciar una subscripción y dar un baile a beneficio del procesado Vicente Díaz.

Fueron designados por la directiva para hacer la subscripción, los señores José Macero y Cipriano Vidal, y para la comisión organizadora del baile el presidente de la sección de fiestas, señor F. Pérez, los que se han comprometido a cumplir su misión lo antes posibles.

Oportunamente daremos detalles de los progresos que se vayan haciendo en favor del señor Díaz.

26 de noviembre de 1925

El Lackawanna Hispano Club

Con motivo de la inauguración de su nuevo local, celebró la noche del lunes 23 una velada literario-musical y baile que result’o muy animada empezando con el acto solemne de izar las banderas española y americana, por la señora Asunción Pla y su hermana la señora de González.

El secretario del Club, Señor R. Pérez, hizo uso de la palabra sobre la necesidad de la unión hispana y el señor Galán recitó dos preciosas poesías de Rubén Darío, siendo ambos señores muy aplaudidos.

 El joven señor Santiago Ardame cantó con mucho gusto y arte sus dos canciones favoritas, “Ay, ay, ay” y “O Sole Mío”, tributándosele una prolongada ovación.

El acto estuvo amenizado por la orquesta italiana “La Bella”, que ejecuto un variado repertorio de piezas españolas y americanas, y terminó dando el Club las gracias a todos los presentes y a la señora de Miguel González por el regalo que hizo a la sociedad de un juego de cortinas para el nuevo salón.

Los concurrentes, entre los que hallaban numerosas personas de la colonia y los invitados de honor de Buffalo, señora de Joaquín Díaz y el señor Andrés Ruiz, fueron obsequiados con un lunch servido por la Sección de Fiestas.

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Of Tin Cans and Bronze Statues

A Spanish-language version of this article appeared in El País Semanal, on Sunday, August 9, 2020.

A few weeks ago, at the White House launch of Donald Trump’s “Hispanic Prosperity Project,” the CEO and grandson of the founder of the largest hispanic family business in the US —Robert Unanue of Goya Foods—praised the US president with these words: “All of us are truly blessed to have President Trump as our leader.”

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Unanue emigrated first to Puerto Rico, where he lived for ten years, and met his future wife, Carolina Casal Valdés, herself a Spanish immigrant from Caldas de Reyes, in Pontevedra, Galicia, Spain. He 1919 he re-emigrated to New York, where Carolina soon joined him. A customs broker, and later head of Unanue imports in NY, it wasn’t until 1936 that Unanue began to market products with the “Goya” label and brand.

After the broadcast of these flattering comments, with their religious and almost messianic overtones, it didn’t take long for social media to light up with calls to boycott Goya products. Prominent latinos and progressives –among them, the politicians Alexandria Ocasio-Cortez and Julián Castro—quickly announced that they intended to go without the beans, olives, condiments, spices and other products in the vast line of food items distributed by this company founded in New York in 1936 by an immigrant from Burgos Spain, who arrived to NY via Puerto Rico.

The figure and history of Prudencio Unanue Ortiz (Villasana de Mena, Burgos, 1886 – Río Piedras, Puerto Rico, 1976) has always intrigued those of us who study the phenomonon of Spanish emigration to the US in the late nineteenth- and early twentieth- centuries. What remains of the labor and lives of the tens of thousands of Spaniards, who boarded packed steamships, alongside Italians, Irish and Polish bound for the land of opportunity that the US once was? The truth is that the visible, tangible traces of those brave men and women are few and far between. In New York or in Tampa, in St. Louis or in San Francisco, only history buffs might be able to point out the few standing buildings and markers of the once vibrant Spanish colonies in those cities.

These days, when the statues of Christopher Columbus, Juan de Oñate and Junípero Serra are all over the headlines, for most Americans –and for most Spaniards as well—this more recent chapter of our shared history remains invisible.

And yet, in hundreds of thousands of American homes we can find concrete evidence of the Spanish diaspora to the US of just about a century ago. Although the average citizen may not be aware of this, anyone who has in her pantry or fridge products of the Goya brand, or of the brand founded by Unanue’s compatriot and contemporary, Gregorio Bustelo, what she has, in the sanctum santorum of her home, is the most visible and reliable evidence of the story of Spain’s invisible immigrants. The traces of the phenomenon that allowed figures like Unanue and Bustelo to emerge is evident not so much in the public squares or museums of the United States, but rather, in kitchens and pantries all across the country. Few bronze statues: lots of tin cans.

Both Bustelo and Unanue ended up in New York after formative experiences in the Antilles: the coffee baron in Cuba, the founder of Goya Foods, in Puerto Rico.   In the Big Apple they started up modest businesses that would end up becoming commercial empires that still exist today. But both owed their business success not only to their unquestionable and impressive intelligence, cleverness and hard work, nor to the presence of a small colony of Spanish immigrants in New York, but also, most importantly, to the arrival to the city, in the first half of the twentieth century, of hundreds of thousands of avid consumers of the tastes of home: non-Spanish hispanos –mostly, though not exclusively, from Puerto Rico. With time, the Goya and Bustelo brands would become beloved icons of the burgeoning and ever more diverse latino community throughout the US. Until now.

Robert Unanue and those who share his appreciation for President Trump –including some other prominent latinos like Ted Cruz—denounce the boycott as yet another example of cancel culture, and as an attempt to limit freedom of speech. The businessman at the White House said what he felt and thinks; he doesn’t intend to retract his comments, much less to apologize for making them. His actions seem wholly respectable to me, though it perhaps would have been better had he clarified who he had in mind when he spoke about “all of us”. Because I’m pretty sure that those who plan to boycott Goya do not consider themselves part of that supposedly blessed “us.” And in the end, that’s what this is all about; who fits in those two letters.

A brand, many times, is the only thing that distinguishes one can of garbanzos from another: the chickpeas in one tin are practically identical to those in another from a competing brand. But the label is what invites the consumer to take part in a story, to form part of community. This is something that marketing experts know perfectly well. In the case of Goya: what is that history, and which is that community evoked by the iconic blue label? As long as a brand conjures in the minds of consumers, consciously or not, their own family history, or the great history of the great community of latin immigrants in the US, past and present, that brand will likely occupy a privileged place in the kitchens of those of us who identify with that collective story. And if it doesn’t conjure up those things, it probably won’t. Perhaps, with time, other people, like the supporters of the “buycott” –who are purchasing Goya products to show their support of Unanue’s praise of Trump—will become Goya’s primary consumers; that would constitute a pretty radical re-branding of the company.

The CEO of a company has complete liberty to say whatever she or he desires. Asking her or him for an apology over sincere words seems pointless, or even worse, an invitation to duplicity, dishonesty. But consumers will decide, also with complete liberty, what values and stories they choose to celebrate and commemorate when they go to the supermarket or bodega, and whenever they sit down, in the intimacy of their own homes, to eat breakfast, lunch and dinner.

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James D. Fernández is Collegiate Professor of Spanish and Portuguese at New York University, and the Director of NYU Madrid. He is the co-curator, with the Spanish journalist and filmmaker, Luis Argeo, of the exhibition “Invisible Emigrants: Spaniards in the US, 1868-1945” currently on view in Madrid’s Centro Cultural Conde Duque.

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A Tale of Two Trunks

Invisible Emigrants:  Spaniards in the US 1868-1945
Countdown to the inauguration:
20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12…

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It would be hard to come up with two objects that could represent the bold coin-toss hazarded by migrants better than these two now-empty chests.

Both trunks ended up in Extremadura; one in Campanario, Badajoz, the other in Trujillo, Cáceres.

One of them came back to Spain with its owners, full of documents and photos that chronicled the ups-and-downs of the migrant’s life, and eventual financial success.  There’s a receipt for a bank transfer from San Francisco to Madrid; another for a a transfer from Madrid to Cáceres.  Proof of the accumulation of a modest fortune in Hawaii and California, though the source of the money remains a mystery to the descendants.

The other trunk came back to Campanario without its owner. It contained 22 pieces of used clothes that had belonged to a worker in the Ford Motor Company plant in Detroit.  He died of a heart attack in the Motor City at age 37, without ever getting to meet his last child, conceived during a brief trip he had made back to Campanario a few years before.  The letter/inventory that accompanied the trunk on its journey back to Spain explains that Spanish friends in Detroit had paid for his funeral and for the freight of the trunk that they sent back to the widow.

These two trunks will now sit side by side in Madrid, at the end of our exhibition.  Like two perfect strangers standing side by side a century ago on the docks of a bustling port, about to subject their fate, like all migrants always, to the toss of a coin:

Heads or tails?

[Gracias a Elena Barquilla y Juana Gallardo]

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Emigrantes invisibles: Españoles en Estados Unidos, 1868-1945,” a major exhibition of photos, videos, documents and objects that tell the story of the diaspora of working-class Spaniards to the United States, will open in Madrid’s Centro Cultural Conde Duque on 23 January 2020. In the lead-up to the opening, we will be publishing a series of behind-the-scenes snap-shots.

Emigrantes invisibles. Españoles en EE.UU. (1868 – 1945)
FECHAS: 23 DE ENERO – 12 DE ABRIL DE 2020

SEDE: CENTRO CULTURAL CONDE DUQUE DE MADRID

DIRECCIÓN DEL PROYECTO EXPOSITIVO:María Luque, Responsable Asuntos Culturales de la Fundación Consejo España-EE.UU.

Cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid y el apoyo de la Fundación Rey Juan Carlos I de New York University, Técnicas Reunidas, la Embajada de Estados Unidos en España, el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares, Navantia y Cosentino

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Las españolas y los españoles de hoy recuerdan…

Retratos de los de hoy que conmemoran a los de ayer

Conozcamos a algunos de las decenas de personas que nos han ayudado a ensamblar el puzzle que expondremos en el Centro Cultural Conde Duque en enero de 2020.

 

Un siglo entre adioses y bienvenidas

Mis tatarabuelos Celestino Garrido Vilas y Encarnacion Medraño Iglesias (Bueu) y mis

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Foto hecha por Roberto Just Jaca

bisabuelos Manuel Touza Serín (Redondela) y Encarnación Garrido Medraño (Bueu) emigraron a Nueva York a principios del siglo XX. Mi abuela, Ángelina Touza Garrido, quien recién cumplió 93 años, nació en 4 Cherry St. en Manhattan. Ahí formaron parte de ese núcleo de españoles que fundarían organizaciones insignias de su comunidad, como Casa Galicia y otras. Con esto empezó una larga historia familiar de bienvenidas y despedidas a ambos lados del Atlántico que, a fecha de hoy, dura ya más de un siglo. Ahora, nosotros, sus descendientes estamos repartidos entre continentes y naciones, siempre con un sentimiento de arraigo hacia dos sitios a la vez, navegando por, y fusionando, mundos y culturas para formar quienes somos – a veces sin darnos ni cuenta. Así me tienes, gallega texana, criada y de nuevo afincada, en Vigo. Gracias a esta iniciativa de “Emigrantes invisibles” por recuperar la historias de los nuestros y rescatar su voz en el tiempo.

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65158236_350234095611919_3413450375464747008_nMy great-great-grandparents Celestino Garrido Vilas and Encarnacion Medraño Iglesias (Bueu) and my great-grandparents Manuel Touza Serín (Redondela) and Encarnación Garrido Medraño (Bueu) emigrated to New York at the beginning of the 20th century. My grandmother, Angelina Touza Garrido, who just turned 93, was born at 4 Cherry St. in Manhattan. There they formed part of that nucleus of Spaniards who would found flagship organizations for their community, such as Casa Galicia and others. With this began a long family history of welcomes and farewells on both sides of the Atlantic. Today, it spans more than a century. Now, we, their descendants, are divided between continents and nations, always with a sense of belonging to two places at once, navigating and merging worlds and cultures in who we are – sometimes without even realizing it. So here you have me, a Galician Texan, reared and once again settled in Vigo. Thanks to this “Invisible Immigrants” initiative for recovering the stories of our people and rescuing their voices in time. 

–Ángela-Jo Touza-Medina, Vigo

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De Peñalba de Castro (Burgos) salieron…
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Mi tatarabuelo y mi bisabuelo –Apolinar y Ángel Rica– emigraron a Estados Unidos a principios del siglo XX. Salieron de un pueblo pequeño de la provincia de Burgos, Peñalba de Castro, para buscar fortuna en Nuevo México, Niágara Falls y la ciudad de Nueva York, entre otros lugares. Son de los que volvieron con una mano delante y otra detrás; quizá por eso jamás se ha hablado mucho ni en el pueblo ni en la familia de su periplo americano. Luego, investigando, he descubierto que siguieron rutas muy parecidas varios otros hombres de la comarca. Pero han sido casi invisibles. Hasta ahora.”

–Ángel Briongos, Madrid

 

 

Desde Olleros de Sabero (León)…

“Desde Olleros de Sabero en la montaña leonesa, mis bisabuelos Manuel y Genoveva 75210690_1372292596267063_340169875223740416_ose fueron a emprender una nueva vida en los EEUU. No viajaron solos sino con sus hijos, mi abuelo, que tenía tres años y su hermana, que tenía uno. Como otros vecinos suyos, mis abuelos emigrantes cambiaron las minas de carbón del Valle de Sabero por las de Arizona y New Mexico, con la esperanza de prosperar. La idea al irse la familia completa era sin duda no volver, pero la enfermedad de Manuel lo truncó todo. De América regresaron, con tres hijos más, cinco en total. Y poco más. La historia de sus vidas aún es en buena parte invisible y para mí sigue siendo necesario darles luz.”     —Eva B. Sánchez, Madrid

Pues estamos en Salmoral, Salamanca…

75567408_1372566299573026_2129684173948977152_o.jpgPues estamos en la casa de mi abuelo […] en Salmoral, Salamanca. Mi abuelo, Marcelo Nieto, vivió aquí hasta que se fue a [California], allá por 1920. Luego cuando volvió, siguió viviendo en esta casa. Salió de esta casa y volvió a esta casa.

Y bueno, mi interés fue porque no se perdiera toda esta historia. […] Yo cuando era pequeña, venia los veranos aquí y pasaba todos los veranos aquí. Yo siempre me subía arriba al sobrado que llamamos aquí, al desván, y ahí en el desván había baúles enormes y llenos de cosas de América y de ropa y de medias, de todo lo que mandaban, todavía había cosas. Y esto a mi abuela yo ya le empecé a preguntar desde pequeña por papeles que había de la asociación, fotografías, y un poco me empezó a picar ya la curiosidad desde muy pequeña. —MCN, Salamanca

De Alhama de Almería, de ida y vuelta

Nací en Alhama de Almería, un pueblecito de la baja Alpujarra almeriense. En el 1934, 75328544_1376304229199233_2434456118425026560_oa mis 18 meses, emigré a Nueva York en los brazos de mi madre. Mi despertar en aquel nuevo mundo me enseñó lo que era la lucha por la supervivencia complicada por la guerra civil en la madre patria. Rodeado de emigrantes, refugiados e exiliados españoles desarrolle un profundo amor y respeto por la patria donde primero llene mis pulmones. A pesar de criarme y educarme como Americano nunca olvidé mis raíces y siempre admiré la cultura española. Gracias a un club de españoles en Brooklyn, NY llamado el Grupo Salmeron, con un desarrollo cultural admirable, llegué a confirmarme como Americano/Español. Allí conocí a Cervantes, Benito Pérez Galdos y Blasco Ibáñez y mi paladar se enriqueció con las Migas, el Gazpacho y la Paella. También aprendí a bailar el Pasodoble el Chotis y tirar de una cinta de piñata en Carnaval.

Fue tal el amor, admiración y respeto que sentía por ser español que cuando llegó la hora de pastar elegí las áridas tierras de mi querida Almería para mi júbilo. No pude resistirme a esa fuerza que obliga a los salmones volver a donde nacieron para morir.

Nosotros los emigrantes vivimos entre dos mundos. En el que nos acobijó cuando lo necesitamos y el que nos dio la vida.   —Chris Tortosa, Alhama de Almería

De Campanario (Extremadura) a Detroit

Mi abuelo, Francisco Gallardo López, emigró a EEUU, desde Campanario (Extremadura)75341282_1378404848989171_5407754521659047936_o en 1920. Trabajó en la fábrica Ford de Detroit y allí murió en 1928 de un infarto, a los treinta y ocho años de edad. Hemos sabido muy poco de él hasta ahora, quizás porque tendemos a conservar más y mejor la memoria de los que tuvieron éxito. Sin embargo, considero que mi abuelo fue realmente un triunfador porque tuvo un sueño y se atrevió a realizarlo.

Los emigrantes, como él lo fue, tal vez no lo sepan pero hacen historia porque cambian el curso de las sociedades y del mundo…

No te olvides nunca del abuelo Patricio…

“Tu abuelo Patricio salió por primera vez de España a los 14 años. Necesitó la 75521927_1372907616205561_967344424537292800_o.jpgautorización por escrito de su padre para que lo dejaran salir del país. Y se marchó sin saber casi ni dónde iba…”

Esto me lo dijo mi padre cuando yo cumplí esa misma edad.  —RAJL, Macotera, Salamanca.

 

Ellos construyeron mi lugar de trabajo y mucho mas…

74605514_1372915449538111_7529207012828119040_oSoy el Director del colegio “Sada y Sus Contornos”. Llevo la dirección de este centro pues, trece años. Estuve antes cinco años como jefe de estudios, y llevo 18 años destinado en este colegio.

El centro fue construído a instancias de los emigrantes de Sada en Estados Unidos, en Nueva York, concretamente. Crearon una asociación, la sociedad “Sada y sus contornos”, que nació en 1913, y a partir de ese momento se dedicaron a recaudar fondos para construir escuelas… Se inició la construcción en 1920, terminó sobre 1924, y las clases se iniciaron en septiembre de 1927. Hasta 1936 la escuela fue sostenida por los propios emigrantes; en 1936, con el levantamiento militar que hubo en España, las escuelas como ésta, de tipo laico, fueron incautadas por el gobierno, y dejaron de pertenecer a las sociedades que las crearon.

Antonio Fernández Pita fue uno de los fundadores de la “Sociedad Sada y sus Contornos” en Nueva York. Pasados unos años volvió a Sada. Formaba parte, en su momento, de la delegación en Sada, y en 1936 era el alcalde de Sada. [Tras el levantamiento militar de Julio de 1936] fue detenido, y fue fusilado posteriormente. 

–Miguel Gayoso, Sada, A Coruña

De Santander salieron los Escalada Brothers…

Soy nieto de Leocadio Escalada, que a principios de 1880, con su hermano Manuel —Manuel y Leocadio de 13 y 16 años— van de su pueblo en Santander a Estados Unidos, 74333814_1372667646229558_8014310306052308992_oporque tenían allí a un tío, hermano de su madre, mi bisabuela. Van con una carta que les da mi bisabuela y mi bisabuelo y llegan a Brownsville, Texas, donde aparentemente estaba el que era hermano de mi bisabuela. Están allí durante un tiempo y luego se establecen en Lochiel, Arizona, donde regentan una tienda que se llamaba Iberia. Pero finalmente se establecen en Nogales, Arizona, donde abren la primera tienda de Escalada Brothers. Les fue bastante bien.. –C. E., Aravaca, Madrid.

Una historia épica digna de Homero

73169019_1372896602873329_3650862264778489856_oMi hermano y yo hemos heredado un mesón aquí en Trujillo, Cáceres, de nuestros bisabuelos Ysidra Fabián Solís y Diego Barquilla Barquilla. Habían emigrado a Hawái, y, más tarde, de Hawái a California. En 1921, con un hijo nacido en Hawái –nuestro abuelo, Plácido– volvieron a Extremadura y con el dinero que habían ahorrado, compraron este local: Mesón La Troya.   –EBB, Trujillo, Cáceres

Nuestra abuela, de 99 años, aún recuerda las cajas que enviaba…

Nuestro tío-bisabuelo, Manuel Magaña Solanas, nació en Aranda de Moncayo (Aragón) y emigró muy joven a Argentina, Cuba y finalmente Estados Unidos, donde se estableció en Nueva York. En los años 20 era co-propietario, junto a José Mora, de una ferretería en la 75435903_1385789538250702_1994890885971574784_o.jpgQuinta Avenida en el Harlem español. Fue uno de los fundadores y presidente del Club Obrero Español en apoyo a la República Española. Su ayuda a refugiados y víctimas de la Guerra Civil a través del Joint Antifascist Refugee Committee le costó la cárcel durante la caza de brujas de McCarthy, al negarse a hacer entrega de los libros del Comité donde aparecían nombres y direcciones de los contribuyentes a la causa, por temor a que dicha información cayera en manos de la dictadura franquista y tomaran represalias contra las familias en España. Tras la disolución del JARC en 1955, Magaña continuó ayudando a decenas de familias de presos políticos en España, enviando dinero y cajas de ropa. Nuestra abuela, de 99 años, aún recuerda las cajas que le enviaba su tío-abuelo. Entre otras cosas, con periódicos estadounidenses donde se hablaba de la dictadura franquista, de los cuales se deshacía rápidamente, por temor a que alguien los encontrara en su casa. –ACVP, CVP, Zaragoza

Esta casa se hizo con el dinero que mi padre se ahorró…

mario.Me llamo Mario Eiras Soto y nací en enero de 1941. Estoy en mi casa de Villaselán,Ribadeo, provincia de Lugo, España. Y es mi casa en este momento, claro, pero esta casa se hizo con el dinero que mi padre se ahorró en los años que estuvo trabajando en La Florida. Concretamente, estuvo en Cayo Hueso, unos 18 meses, y unos siete ocho años en Tampa. Bueno, él contaba muchas cosas de Tampa, siempre…

Aún conservo el reloj de mi abuelo…

Mi abuelo MARCELINO TORAYA QUEVEDO (1889-1923) nació en el pueblo de La Cavada, Riotuerto ( Cantabria).

74217826_1391672814329041_8373604111572008960_oPor tradición familiar y de su entorno, viajó con 15 años a Barre, Vermont (USA) para trabajar en la industria de la piedra, donde los stonecutters de la comarca cántabra de Trasmiera eran muy demandados por su dominio de la cantería.

En 1909 obtuvo la ciudadanía estadounidense y se formó como ingeniero mecánico, trabajando en los ferrocarriles del estado.

De ese desempeño suyo conservo un reloj ferroviario de bolsillo grade RR, que todos los empleados estaban obligados a usar a raíz del grave accidente de 1891.

Murió joven, a los 34 años, tras pasar más de la mitad de su vida trabajando y contribuyendo a la prosperidad de Vermont.

Siento una gran admiración y orgullo por su proyecto de vida y el de aquellos otros que tuvieron una trayectoria vital semejante.     —Carmen Toraya, Santander

Se fueron cuatro…

75323336_1392484860914503_8890304401156079616_o (1)Cuatro de los hijos de mi abuela Vicenta emigraron a América: uno a Cuba, y tres a Estados Unidos, a Virginia Occidental concretamente, a trabajar en una fábrica de zinc muy similar a la que tenemos aquí en Arnao, y donde trabajaba otro hijo de Vicenta, el que se había quedado en Piedras Blancas, Julio. Son muchas las familias de por aquí con historias parecidas…”     –LFP, Piedras Blancas

Una de las mejores decisiones que tomé…

Siempre he sabido que teníamos parientes en Estados Unidos, en Tampa, Florida. Gente de mi familia materna, de aquí, de Grado —de aquí salieron muchos. Dos tíos de mi madre, Pepe y Manolo vivieron muchos años allí. Pero el contacto entre las familias se 76932487_1393454050817584_4927724722977767424_o.jpgiba diluyendo con el paso de los años. Hasta que un día, hace tres o cuatro años, leí un artículo en La Nueva España anunciando la presentación del libro “Invisible Immigrants” en Oviedo. Decía que iba a estar presente en el acto Anthony Carreño, primo del ex-gobernador de Florida, Bobby Martínez. Sabía que podría ser familia, y por eso fui. Gracias a ese encuentro con Tony, se han reanudado y se han estrechado los lazos que unen nuestras familias desde hace un siglo. Ir esa noche ha sido una de las mejores decisiones que tomé , si no hubiera ido seguiríamos sin conocernos…

–Rosa Pérez Bernardo, Grado, Asturias

 

Ensamblando un puzzle juntos

76602145_1394398704056452_3128150275110469632_o“Con Cathy Varón empezó todo. Ella contactó con la familia de mi marido, con orígenes en Cuero (Candamo).

En la presentación de “Un legado de humo”, en Oviedo conocimos a Tony Carreño. Poco tiempo después hablé de la película a la gente de Candamo para que se proyectara allí. Mi familia paterna es de ese concejo y yo sabía que mi abuela tenía hermanos que habían ido de Cuba a Tampa.

Parecía que estábamos ensamblando un puzzle. Indagando en Censos y en archivos encontré a María García en las redes sociales, nieta de Modesto, el primo de mi padre que nunca había conocido y que había sido gerente de Cafés Bustelo, la marca más vendida en Florida.

Más tarde Noni Koger contacto conmigo para buscar a su familia de Candamo. La encontramos. Y el papel que tengo en mi mano es el árbol genealógico de Baldomero López, hijo de otro candamino de San Tirso, que gracias a Laura Goyanes, pude contactar con sus descendientes para recomponer su historia y así ayudar a otro proyecto futuro.

Hemos tejido una red y hemos encajado piezas gracias al trabajo de James Fernández y Luis Argeo. A partir de enero, en el Centro Cultural Conde Duque en Madrid podremos seguir tejiendo historias…”

–Esther Martínez Álvarez, Santullano, Asturias.

 

76946381_1397230653773257_8556110444643745792_oEntre oscenses en Nueva York

“Hace ocho años, cuando llegué a vivir a Nueva York, empecé a seguir la pista de un payaso aragonés, Marcelino Orbés, que había emigrado a la Gran Manzana en 1905. Charlie Chaplin le consideraba un maestro y Buster Keaton dijo de él que fue el mejor payaso que vio nunca. Conoció el éxito pero su vida tuvo un final trágico. En noviembre de 1927, Marcelino se suicidó en un hotel de Broadway. Como muchos emigrantes, nunca volvió a España y está enterrado a 6.000 kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento. ¿Cuántas vidas más esperan ser rescatadas de entre las bambalinas de la memoria?”

-Víctor Casanova Abós, oscense.

 

 

Graciano, Carmen y Alice

Graciano Arribí Piñon, era de Cedeira ( A Coruña) y, como muchos de la costa gallega 72872264_1404440733052249_5662864356291903488_o.jpgdecidió embarcarse para ir a América. Fue con dos de sus hermanos Manuel y Ricardo y quizás también con su padre. No sabemos cómo fueron sus días a la llegada, tal vez encontraron el apoyo de otros paisanos.

Graciano viajaba a menudo a Cuba, allí, en la Habana, conoció a Carmen Veiga Varela , natural de Gayoso (Lugo). Marcharon juntos a Nueva York y se casaron. En la foto posan con elegancia y con decisión. Con esa fuerza que tienen los hombres y mujeres que se embarcan y se deciden a “saltar el charco” para mejorar su vida.

Graciano Arribí Piñón y Carmen Veiga Varela boda Nueva York 1920 (1).jpgSe instalaron en la calle 68, cerca del hospital Sloan Kettering. Graciano había montado un negocio que se llamaba United Camara Corporation, en la Chambers street. Gran parte de las ganancias se invirtieron en una yeguada que tenía con su hermano Manuel en Pleasant Point en New Jersey, era fructífera porque en aquel momento todo el transporte se hacía con ganadería. También hizo una buena inversión en acciones.

Tuvieron varios hijos pero les murieron de difteria y de otras enfermedades infecciosas, después nació Alice, mi madre.
Su vida era magnífica, eran los felices 20. Era un mundo próspero, era la tierra de promisión. Alice pasaba los inviernos en Catskills, el verano en Maine y su curso escolar en el Hunter College, centro de élite de la ciudad. La niña Alice tomaba helados, también nubes de algodón que compraban en Chinatown e iban a las atracciones a Coney Island.

Llegó el crack y Graciano perdió su dinero invertido. Se enfermó y durante años no levantó cabeza. Su hija Alice pasaba largas temporadas en el campo con los primos, hijos de Manuel, en la finca de Pleasant Point.

Graciano falleció, y la familia decidió embalsamar su cuerpo para mandarlo a España, pero no pudo ser porque estalló la guerra civil. Tenemos una segunda y última foto de Graciano. Una foto rodeado de flores y de familia, tumbado en el ataúd para hacer su viaje a Galicia. Ese viaje que no pudo hacer, por la maldita guerra. Hoy está enterrado en el cementerio de Mount Olivet, en Queens, NY. Los amigos de “Spanish Immigrants in the US” me ayudaron a encontrar su tumba.

La viuda e hija continuaron con sus vidas. Alice con sus estudios y Carmen participando en Comité de apoyo a la España republicana. Su hija Alice conoció a muchos exiliados españoles: el abogado de la familia, su profesor de español, que era general republicano… Y llegó la segunda guerra mundial y aquellos primos con los que Alice pasaba temporadas en el campo son alistados. La guerra vuelve a tocar a la familia, sus primos vuelven afectados por el horror vivido.

Carmen cae enferma. Desea volver a la aldea, morir en casa. Regresa a Galicia con la joven Alice después de cuarenta años. Se encuentran una Galicia de los años cincuenta con un mundo triste, analfabeto y acobardado.

Carmen fallece y antes le ruega a su hija que se quede con la familia de la aldea.

Alice con diecisiete años empieza otra vida de lucha y de supervivencia. Pero eso ya es otra historia. –Carmen García-Rodeja Arribí, A Coruña

 

Manny Zapata me dio a conocer el portal de Ellis Island…

Yo nací en Mera, un pueblo marinero de la bahia de A Coruña. Aquí la emigracion 77424153_1407758849387104_4234085700787503104_o.jpgsiempre fué considerada como una bendición; las familias vinculadas a la emigración, que por otro lado eran la mayor parte, vivian mas desahogadamente. Mi vínculo con la emigración viene de ahi y de haber vivido en América años muy importantes de mi vida.

Mi trabajo como investigador comenzó cuando Manny Zapata me dio a conocer el portal de Ellis Island, que fué una gran revelacion para mi y me llevo a querer investigar mas a fondo sobre la vida de estos emigrantes inmortalizados en los manifestos de los barcos de pasaje.

El complemento a esta investigacion documental es la involucración de las familias gracias a la labor que está haciendo el proyecto de Invisible Immigrants. Espero acercarme a la exposición en enero…      –José García

….y seguirá…

savethedate.

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4th of July/4 de julio

13533042_622703834559280_7079697727227330143_n (1)If your grandfather had been born just one village over to the east or west, he probably would have emigrated not to the US, but to Uruguay or Venezuela, Cuba or Mexico.  If your grandmother had been born a year earlier or later, or if she had arrived to the docks a day sooner or later, she might have ended up becoming Argentinean or Puerto Rican or Salvadoran.  And had things played out differently in Spain, he or she or they might have returned to Spain for good in 1939.  In any case, you probably wouldn’t be here, and your forebears’ would-be descendants could be anywhere today, even, God forbid, in a makeshift refugee camp on the US-Mexican border.  

The story of our immigrant ancestors and their ties to the US is often a complex one.

La historia de nuestros antepasados inmigrantes y de sus vínculos a Estados Unidos es a veces muy compleja.

For those of us whose ancestors stayed in the US and raised families here, the “American-ness” of our forebears might seem like something inevitable, even pre-ordained.  Ours too, therefore.

Para los que descendemos de inmigrantes españoles que decidieron quedarse para siempre en Estados Unidos, la identidad estadounidense de nuestros ancestros puede parecer inevitable y hasta predestinada,  Y, por lo tanto, la nuestra también.

In our interviews with descendants of Spanish immigrants all over the US, we always ask: “Did your ancestors come with the intention of returning to Spain, or did they come knowing that they would make new lives here?” More often than not, the response is quick and unequivocal: “Oh, no, my parents [grandparents] came here to stay.”

Cuando entrevistamos a los hijos y nietos de inmigrantes españoles a lo largo y ancho de Estados Unidos, solemos preguntar: “¿vuestros ancestros emigraron con la intención de volver a España, o vinieron sabiendo que harían vidas nuevas aquí?” Y la mayoría de las veces los descendientes responden rápidamente y con contundencia: “Oh, no, los míos vinieron sabiendo que se iban a quedar.”

And yet, when we consider all of the historical evidence, the picture that emerges is usually much less clear-cut. Like practically all immigrants in history, most Spaniards almost certainly harbored hopes –however remote– of someday returning to their country.

Sin embargo, cuando tomamos en cuenta toda la evidencia histórica, otros relatos se pueden entrever. Como casi todos los inmigrantes de toda la historia, la mayoría de los españoles que llegaron a Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX abrigaban la esperanza –por remota que fuera– de regresar algún día a su país.

In fact, during the post WWI economic downturn of 1921, or when the Great Depressionandrés,tumba. hit in 1929, or when the Second Republic was inaugurated in 1931, substantial numbers of Spanish immigrants did in fact return to Spain, thinking that there might be more opportunity there than here in those specific circumstances.

De hecho, durante la recesión que hubo tras el final de la Primera Guerra Mundial (1921), or con el Crack del ’29, o con la instauración de la República en 1931, regresaron a España cantidades sustanciosas de emigrantes, porque pensaban que en esas coyunturas igual había más oportunidad allá que acá.

Family correspondence between Spain and the US often contains discussions of the advisability of returning.

En la correspondencia familiar entre los emigrantes y sus parientes que se quedaron en España, muchas veces podemos presenciar discusiones sobre si era prudente volver o no en distintos momentos.

And many immigrants who came to the US had siblings or cousins or uncles or aunts who emigrated to places like Cuba or Mexico, Brazil or Argentina; the destination of Spanish emigrants, far from being pre-ordained, far from being the expression of some kind of ideological or patriotic will, was often mainly a matter of opportunism, influenced by factors such as village gossip, or even ship schedules.

Además: muchos de los españoles que emigraron a Estados Unidos tenían hermanos, primos o tíos que acabaron emigrando a lugares como Cuba o México, Brazil o Argentina. El destino de los emigrantes españoles no era generalmente una necesidad, ni representaba siempre la expresión de una voluntad ideológica o patriótica de ser de un país o de otro; se trataba, más bien, del ejercicio del oportunismo, y el resultado de factores variopintos y a veces aleatorios, como pueden ser los chismes del pueblo, o incluso los horarios de los vapores.

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And finally, when we look at patterns of naturalization –if we look at exactly when the immigrants decided to become US citizens– we find that a great many of them, who had been in the country for decades, only took the step of becoming US citizens after the end of the Spanish Civil War, in 1939; after the realization, that is, that a return to a prosperous and just Spain was not possible. And so, they stayed.

Y finalmente, cuando miramos los datos de la naturalización –es decir, cuando nos detenemos a analizar exactamente cuándo los emigrantes españoles decidieron tomar el paso decisivo de pedir la nacionalidad estadounidense– descubrimos algo muy interesante. Resulta que muchos esperaron décadas antes de dar ese paso; de hecho, parece ser en muchos casos que fue el final de la Guerra Civil, en 1939, lo que a muchos españoles les hizo comprender que el regreso a un país próspero y justo no iba a ser posible. Y aquí se quedaron.

Does the fact that our immigrants might have behaved opportunistically, and might have hedged their bets in terms of what passport they chose to carry at different points in their lives, make them any less patriotic, any less deserving to be here?

Los inmigrantes tal vez fueron oportunistas, y tal vez tomaron decisiones más pragmáticas que ideológicas a la hora de escoger qué pasaporte llevar en distintos momentos de sus vidas. Ahora bien: ese oportunismo y ese pragmatismo ¿acaso les hacen menos patrióticos, menos dignos de estar aquí?

Or does it just make them more human, more similar to immigrants of the past and present, trying to do the best they can –always against wind and tide, often against laws and prejudice– for themselves, their loved ones, and even their descendants?

¿O les hacen más humanos, más parecidos a todos los inmigrantes de todos los tiempos; luchando, siempre contra viento y marea, a veces contra leyes y prejuicios, por mejorar su situación, la de sus seres queridos, e incluso la de nosotros, sus descendientes?

Happy 4th of July! / Feliz 4 de julio

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Una España en miniatura en la despensa (2)

El 12 de octubre de 1931, La Prensa (de Nueva York) publica este panorámico reportaje especial sobre tiendas, mercados y bodegas españoles en Nueva York.  No tiene desperdicio.  La importancia de la comida para la colonia; el carácter emprendedor y creativo de los inmigrantes; la convivencia en Estados Unidos de españoles con sus “primos” de otros países de habla hispana; todo queda perfectamente reflejado en texto, fotos y anuncios.  El ejemplar del periódico que hemos consultado ha sobrevivido gracias al gran proyecto de “Memoria de Madrid,” impulsado y mantenido por el Ayuntamiento de la ciudad capital.

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El gran gremio de comestibles hispanos

LA VARIEDAD DE LOS PRODUCTOS ALIMENTICIOS ESTIMULAN LA IMAGINACION Y EL APETITO

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No sólo la población hispana sino los americanos, concurren a las tiendas “Spanish”

Hace unos veinte años eran contados los establecimientos españoles en Nueva York.  Sólo la casa Victori en Pearl St. exhibía en sus escaparates los deliciosos turrones, las botellas de aceite de oliva que relucían tras la etiqueta adornada por nuestra bandera roja y gualda, como también los exquisitos vinos de Málaga, Jerez, Marqués de Riscal, etc.: castañuelas y panderetas con sus lazos y sus borlas resaltaban entre frascos de aceitunas y latas de conservas.

Comenzó vendiendo solamente al detalle, pero con perseverancia han ido ensanchando su campo de acción hasta que hoy su mayor negocio es la venta al por mayor.  Todavía existe la antigua tienda de la calle Pearl, pero rejuvenecida y engalanada brillan en ella los azulejos y la cacharrería de típico ambiente.

Antiguos nombres de restaurantes:  “La Chorrera”, “Las Dos Américas”, “Nadal”, etc. son nombres que unos han desaparecido y de los que quedan hay que renovar el antiguo recuerdo para reconocerlos.  Estas casas han prosperado, se han vestido de nuevo y han despertado el entusiasmo de muchos admiradores que por fin al lanzarse a la acción han establecido un gran número de negocios hispanos.

EL primer gremio que ha tomado impulso es el que se dedica a la base de la vida, a la alimentación.  Ya sean tiendas de comestibles, que llamamos bodegas, ya sean restaurantes, es el ramo de comestibles en el que más han comerciado nuestras colonias hasta la fecha y como último esfuerzo, como el hombre que ha trabajado y acumulado dinero y quiere adornar su vida, ha surgido la espuma, el arte, la música del negocio de comestibles —el cabaret.

Algunas de estas bodegas ya son tiendas de importancia y no deja de haber entre los dueños de las más notables algún maestro de español e intelectual, que quizá apuntara en un principio sus gastos y sus entradas por chorizos, sardinas y aceitunas, en el margen de las cuartillas de algún inspirado poema.

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Esta multiplicación de tiendas y restaurantes ha sido causa de un aumento considerable en la importación de nuestros productos.  El aceite de oliva es, sin duda, el primero y durante las semanas que preceden las fiestas de Navidad se vende mucho más turrón que en los viejos tiempos.  Curiosidades, abanicos, mantillas, etc.  Los productos tropicales se encuentran en casi todas las doscientas bodegas esparcidas por Nueva York y Brooklyn.

Algunas de estas bodegas ya son tiendas de importancia y no deja de haber entre los dueños de las más notables algún maestro de español e intelectual, que quizá apuntara en un principio sus gastos y sus entradas por chorizos, sardinas y aceitunas, en el margen de las cuartillas de algún inspirado poema.

Es imposible mencionar a todos estos laboriosos y emprendedores elementos de nuestras colonias.  Pero recogiendo en este número las fotografías de algunos de los establecimientos más importantes, damos fiel idea del comercio de las colonias, sin que esto signifique que no pueda haber otros mayores casi antes de que pase de actualidad este número.  De España, Méjico, Cuba y Argentina, de Centro América y de Puerto Rico, de todas nuestras naciones vienen:  mate, café, chocolate, aceite de oliva, turrones, chiles, etc.

De modo que puede decirse que nuestras colonias han contribuido no poco a que se pueda conseguir en Nueva York cualquier cosa que se quiere de cualquier parte del mundo.

He aquí una mención sucinta de los principales establecimientos de esta ´índole que abastecen a las colonias de la ciudad:

“La Competidora Española.”  Fundada por Jacobo Lago en 1923.  Estuvo establecida antes en Roosevelt Street y ahora se halla en Cherry Street, en el corazón del barrio netamente español.  Su propietario actual es Don Luciano Llana, español.  Especializa la tienda en aceite, café, bacalao, chocolates, etc.  Prepara su propio café.  Tiene productos del país.

“Moneo & Sons.”  Calle 14.  Esta bodega lleva establecida como doce años.  Perteneció a la Viuda de Llopis.  Importa exclusivamente artículos españoles.  Hace aproximadamente 9 años, la Vda de Llopis traspasó la casa a D. Gerardo Lupin, dirigiéndola él y sus esposa (ésta fallecida ya) durante seis años.  El señor Lupin se retiró y vendió a la actual firma, que sigue las mismas normas y vende artículos de primera, españoles.

“Manuel C. Villa,” importador de productos hispanos y frutos tropicales.  Compra y vende al por mayor y menudeo también.  Está establecido hace nueva años en la calle 64.

“Estuve y Alcaraz,” en Park Ave. y la calle 113. Fundad por eduardo Esteve —originalmente en Cherry Street, en 191900. Hoy son dueños Don Pedro Esteve (hermano del fundador) y Don Joaqu´ˆn Alcaraz —primos.  Alardea de ser una de las pocas —o quizá la única— que importa el arroz especial de Valencia (España) para la célebre paella.  Importa yerba mate sudamericano y muchos otros productos hispanos.

“Plácido Garrido,” “Non Plus Ultra,” Calle 119 y Quinta Avenida. Esta bodega fue comprada por Quevedo y Garrido (hoy disuelta la Sociedad y continúa P. Garrido de solo dueño) a Varela Hermanos —que es donde estos comerciantes empezaron.  Al señor Garrido se le titula “el bodeguero intelectual,” pues antes de entrar al comercio, fue profesor de español en una universidad.  Cuando Quevedo y Garrido adquirieron la bodega, ampliaron el local y agregaron un departamento de carnicería.  Huelga decir que también especializan en productos hispanos y tropicales.

“La Unión Hispana” de Pedro Rodríguez, en la calle 100.  Esa una “bodeguera” que afirma “controlar” la clientela hispana del barrio.  Fue abierta y sigue reventada por su dueño “Don Pedro” —como le llaman sus muchos clientes, todos hispanos—.  Especializa en café y viandas de la patria de Jos´´de Diego —de done él es nativo.

“Great Caribbean Market.”  H. Rubin. En Octava Avenida y calle 112.  Antigua bodega de G. Mediquilla.  Productos hispanos en general y carnicería.

“Muñagorri y Cía.”, en la calle 115.  Productos tropicales, hispanos, del país y carnicería.  Se desarrolló en pocos años.  De un pequeño establecimiento, creció hasta ser bodega grande.  Los dueños son español y puertorriqueño.

“Primo Sánchez”, en la calle 116.  Este es el carnicero que se volvió bodeguero.  El señor Sánchez es el “decano” de los carniceros en Nueva York. Hace 11 años que puso un “boliche” de carnes en la calle 115 donde estuvo por siete años, hasta que abrió la bodega actual —grand y con mucha “parroquia.” Su clientela evoca la Torre de Babel —la forman todas las nacionalidades.

“El Colmado,” calle 116.  De José Carré.  Su buen surtido, tiene productos españoles en su mayoría.  Tiene muy diversa clientela.

“La Marquesa,” Calle 116.  Esta bodega era la que fundó Pedro Pardo, hoy ya retirado y radicado en España. Productos tropicales y del país.

“El Encanto,” calle 116.  De S. Rodríguez.  Jamones gallegos, conservas, aceites, productos tropicales, dulces en general.  Establecida hace como seis años.

“Varela Hermanos.” Lenox Ave.  Es una de las mejores bodegas de Nueva York, “sin exceptuar ninguna española o americana’ como dicen los Varela.  Bien puesta, de surtido extenso y abundantes ventas.  Suman al mes muchos miles de d´lares. Son tres hermanos los dueños y los tres son gerentes:  Antonio, Eliseo y Manuel.  Empezaron con una bodega en el mismo local que ocupa el “Non Plus Ultra” (antes Plus Ultra) hace seis años. Trabajaban los tres hermanos en un taller de mecánica, ahorraron unos “machacones” y los emplearon en este negocio.  Hoy importan directamente y venden al por mayor y menor. El hermano mayor Antonio compra en España mercancía para la tienda.  Usan LA PRENSA y creen firmemente en la efectividad del anuncio y dan al diario crédito por el desarrollo de su negocio.

“Gaspar Mediavilla,” calle 140 y Broadway.  Establecido hace mucho tiempo; abrió y vendió la bodega del “Great Caribbean Market.”  Además de recibir productos españoles en gran cantidad, es uno de los establecimientos que más vende e importa en turrones de España.

“Ortiz y Eslava,” calle 145. Antiguos empleados de G. Mediquilla que han salido buenos discípulos en el arte “bodeguero.” Important y compran en plaza productos españoles.  Venden mucho.

“Fernández y Carrillo,” calle 145.  Antiguamente establecidos en Lenox Avenue, después compraron la bodega que pertenecía a José Serrano.  La tienda actual está muy acreditada y tiene buena venta.

En la ciudad de Nueva York, y sobre todo en Harlem, existen ya más de doscientas bodegas que se están acreditando mucho—y que a la vuelta de otros diez años brillarán también en el “firmamento bodeguero” del comercio hispano— de la ciudad.

En Newark, NJ, hay entre otros “José López y Cía” en Ferry St.  Es una verdadera potencia en su ramo.  En tiempos mejores tenía una oficina de compras en Nueva York —para sus dos bodegas.  Hoy tiene solamente una tienda pero hace buen negocio y controla casi toda la venta hispana de la vecina ciudad.

El comercio de víveres de Brooklyn ha tomado también en estos últimos años un incremento notable, distinguiéndose varias casas que hacen sus compras directas en el extranjero y las distribuyen al por mayor y al detalle.

Entre estas merecen mención especial la Pan American Grocery Co.., Inc, an Atlantic Ave., casa que se especializa en la importancia´øn de frutos tropicales y sostiene comercio activo con los establecimiento de víveres de Nueva York y Brooklyn.  Forman la corporación los hermanos Tejera, de nacionalidad cubana, muy conocidos de la colonia por haber sido también los fundadores del club “Gertrudis Gómez de Avellaneda”.

Otra de las casas dedicada al comercio al por mayor y al detalle, especializándose en la importación de conservas españolas, en pescados y carnes, tiene como propietario a don Francisco Yanes, asturiano, uno de los comerciantes más antiguos en Brooklyn.

Otra casa en Brooklyn que se especializa en víveres finos y de sólida posición financiera es la de F. Bermúdez & Co., en Pearl Street.  Es un establecimiento montado a la moderna y de completo surtido de productos españoles y tropicales y del país, además de variedad de objetos de perfumería y quincalla.

La colonia puertorriqueña está bien representada por la Bodega Hispano Americana de Pedro I. Paradizo, una de las casas detallistas que prospera desde hace seis años en Gold Street.

titular.

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Una pequeña España en la despensa

Sería difícil exagerar la importancia que tuvo la comida en las vidas de los emigrantes españoles en EEUU.  Y las recetas de la abuela han sobrevivido más tiempo que la lengua.  La exposición “Emigrantes invisibles” (Madrid: Centro Cultural Conde Duque, enero de 2020) explorará y celebrará tanto la gran cultura gastronómica de España, así como la creatividad culinaria de aquellas españolas y de aquellos españoles que buscaron comer bien y vivir mejor “en tierra extraña”.

 

 

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“¿Qué queda de aquella diáspora de decenas de miles de españoles que hace un siglo emigraron a Estados Unidos?”

Durante los últimos diez años que llevamos investigando este apasionante capítulo de la historia compartida entre España y EEUU, es esta la pregunta que con más frecuencia se nos formula, tanto en España como en EEUU.

Y la verdad es que el legado visible, tangible de los emigrantes españoles en EEUU es, hoy por hoy, bastante difuso.  En Nueva York o Tampa, Florida, en San Luis, Misuri o San Francisco, California, sólo los muy conocedores de la historia podrían señalar unos pocos edificios de la colonia que siguen en pie, casi siempre transformados e irreconocibles.  Para la gran mayoría de los residentes en Estados Unidos —incluso para los descendientes de los que emigraron— la historia de la emigración española a este país sigue bastante invisible.

No obstante, en centenares de miles de hogares estadounidenses, en el sitio quizá menos

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Hoy por hoy, la despensa puede ser el mejor museo de la emigración española a EEUU.

esperado de la casa, hay, y muy a la vista, evidencia de la diáspora española a estas latitudes.  Porque aunque no lo sepa el estadounidense medio, si en su despensa o nevera se encuentran productos de la marca Bustelo o Goya, esa persona tiene, en la cocina de su casa, la prueba más fehaciente del buen hacer de los españoles en Estados Unidos hace cien años.

El impacto de la diáspora española se percibe más en las cocinas que en los museos de Estados Unidos.

Porque estas dos marcas tan icónicas —Bustelo, de café, Goya de comestibles envasados, principalmente—fueron fundadas por comerciantes españoles que, tras periplos en el Caribe, acabaron estableciéndose en Nueva York a principios del siglo XX.  Tanto Gregorio Bustelo, de Asturias pasado por Cuba, como Prudencio Unanue, de Burgos pasado por Puerto Rico, comenzaron sus modestísimos negocios en Nueva York, importando y preparando productos que fueran del agrado de aquellos compatriotas —y de sus “primos” hispanoamericanos— que, como ellos, habían decidido probar suerte en Estados Unidos.  Los dos, seguramente sin proponérselo, fundaron imperios comerciales.

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Azafrán manchego importado a EEUU

No nos ha de sorprender que el impacto de la diáspora española se percibe más en las cocinas que en los museos de Estados Unidos.  Los exquisitos y variados productos de España, la profunda y diversa cultura gastronómica del país, junto con el carácter emprendedor de tantos emigrantes,  ayudan a explicar el fenómeno.

La importancia de la comida en la vida de todos los inmigrantes españoles queda ampliamente reflejada en los archivos familiares de sus descendientes, que rescataremos en el proyecto expositivo “Emigrantes invisibles”.  Fotos de las matanzas llevadas a cabo en los sitios más inverosímiles; historias de las búsquedas épicas  —no siempre fructuosas— de pimentón, azafrán, o del arroz perfecto.  Y, sobre todo, los recuerdos entrañables de las pequeñas tiendas que existían en cada colonia, cuyos propietarios se encargaban de buscar como fuera, los sabores que tanto anhelaban los españoles que podían sentirse tan lejos de casa, siempre que salían de la pequeña España de sus cocinas.

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Embutiendo chorizos con un bate de baseball en Cleveland, Ohio.  Las recetas sobrevivieron más tiempo que la lengua entre los descendientes de los emigrantes españoles en EEUU.  [Foto cedida por Laura Goyanes.]

EMIGRANTES INVISIBLES. Españoles en EE. UU. (1868-1945)

El proyecto expositivo “EMIGRANTES INVISIBLES. Españoles en EE. UU. (1868- 1945)” se gesta con el fin de dar a conocer al público en general un vínculo existente que durante largo tiempo ha permanecido sumido en la invisibilidad: la emigración española a los Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX.

Se inaugurará en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid en enero de 2020, y tras su clausura en Madrid (mayo, 2020) itinerará por España y Estados Unidos.

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