Una España en miniatura en la despensa (2)

El 12 de octubre de 1931, La Prensa (de Nueva York) publica este panorámico reportaje especial sobre tiendas, mercados y bodegas españoles en Nueva York.  No tiene desperdicio.  La importancia de la comida para la colonia; el carácter emprendedor y creativo de los inmigrantes; la convivencia en Estados Unidos de españoles con sus “primos” de otros países de habla hispana; todo queda perfectamente reflejado en texto, fotos y anuncios.  El ejemplar del periódico que hemos consultado ha sobrevivido gracias al gran proyecto de “Memoria de Madrid,” impulsado y mantenido por el Ayuntamiento de la ciudad capital.

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El gran gremio de comestibles hispanos

LA VARIEDAD DE LOS PRODUCTOS ALIMENTICIOS ESTIMULAN LA IMAGINACION Y EL APETITO

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No sólo la población hispana sino los americanos, concurren a las tiendas “Spanish”

Hace unos veinte años eran contados los establecimientos españoles en Nueva York.  Sólo la casa Victori en Pearl St. exhibía en sus escaparates los deliciosos turrones, las botellas de aceite de oliva que relucían tras la etiqueta adornada por nuestra bandera roja y gualda, como también los exquisitos vinos de Málaga, Jerez, Marqués de Riscal, etc.: castañuelas y panderetas con sus lazos y sus borlas resaltaban entre frascos de aceitunas y latas de conservas.

Comenzó vendiendo solamente al detalle, pero con perseverancia han ido ensanchando su campo de acción hasta que hoy su mayor negocio es la venta al por mayor.  Todavía existe la antigua tienda de la calle Pearl, pero rejuvenecida y engalanada brillan en ella los azulejos y la cacharrería de típico ambiente.

Antiguos nombres de restaurantes:  “La Chorrera”, “Las Dos Américas”, “Nadal”, etc. son nombres que unos han desaparecido y de los que quedan hay que renovar el antiguo recuerdo para reconocerlos.  Estas casas han prosperado, se han vestido de nuevo y han despertado el entusiasmo de muchos admiradores que por fin al lanzarse a la acción han establecido un gran número de negocios hispanos.

EL primer gremio que ha tomado impulso es el que se dedica a la base de la vida, a la alimentación.  Ya sean tiendas de comestibles, que llamamos bodegas, ya sean restaurantes, es el ramo de comestibles en el que más han comerciado nuestras colonias hasta la fecha y como último esfuerzo, como el hombre que ha trabajado y acumulado dinero y quiere adornar su vida, ha surgido la espuma, el arte, la música del negocio de comestibles —el cabaret.

Algunas de estas bodegas ya son tiendas de importancia y no deja de haber entre los dueños de las más notables algún maestro de español e intelectual, que quizá apuntara en un principio sus gastos y sus entradas por chorizos, sardinas y aceitunas, en el margen de las cuartillas de algún inspirado poema.

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Esta multiplicación de tiendas y restaurantes ha sido causa de un aumento considerable en la importación de nuestros productos.  El aceite de oliva es, sin duda, el primero y durante las semanas que preceden las fiestas de Navidad se vende mucho más turrón que en los viejos tiempos.  Curiosidades, abanicos, mantillas, etc.  Los productos tropicales se encuentran en casi todas las doscientas bodegas esparcidas por Nueva York y Brooklyn.

Algunas de estas bodegas ya son tiendas de importancia y no deja de haber entre los dueños de las más notables algún maestro de español e intelectual, que quizá apuntara en un principio sus gastos y sus entradas por chorizos, sardinas y aceitunas, en el margen de las cuartillas de algún inspirado poema.

Es imposible mencionar a todos estos laboriosos y emprendedores elementos de nuestras colonias.  Pero recogiendo en este número las fotografías de algunos de los establecimientos más importantes, damos fiel idea del comercio de las colonias, sin que esto signifique que no pueda haber otros mayores casi antes de que pase de actualidad este número.  De España, Méjico, Cuba y Argentina, de Centro América y de Puerto Rico, de todas nuestras naciones vienen:  mate, café, chocolate, aceite de oliva, turrones, chiles, etc.

De modo que puede decirse que nuestras colonias han contribuido no poco a que se pueda conseguir en Nueva York cualquier cosa que se quiere de cualquier parte del mundo.

He aquí una mención sucinta de los principales establecimientos de esta ´índole que abastecen a las colonias de la ciudad:

“La Competidora Española.”  Fundada por Jacobo Lago en 1923.  Estuvo establecida antes en Roosevelt Street y ahora se halla en Cherry Street, en el corazón del barrio netamente español.  Su propietario actual es Don Luciano Llana, español.  Especializa la tienda en aceite, café, bacalao, chocolates, etc.  Prepara su propio café.  Tiene productos del país.

“Moneo & Sons.”  Calle 14.  Esta bodega lleva establecida como doce años.  Perteneció a la Viuda de Llopis.  Importa exclusivamente artículos españoles.  Hace aproximadamente 9 años, la Vda de Llopis traspasó la casa a D. Gerardo Lupin, dirigiéndola él y sus esposa (ésta fallecida ya) durante seis años.  El señor Lupin se retiró y vendió a la actual firma, que sigue las mismas normas y vende artículos de primera, españoles.

“Manuel C. Villa,” importador de productos hispanos y frutos tropicales.  Compra y vende al por mayor y menudeo también.  Está establecido hace nueva años en la calle 64.

“Estuve y Alcaraz,” en Park Ave. y la calle 113. Fundad por eduardo Esteve —originalmente en Cherry Street, en 191900. Hoy son dueños Don Pedro Esteve (hermano del fundador) y Don Joaqu´ˆn Alcaraz —primos.  Alardea de ser una de las pocas —o quizá la única— que importa el arroz especial de Valencia (España) para la célebre paella.  Importa yerba mate sudamericano y muchos otros productos hispanos.

“Plácido Garrido,” “Non Plus Ultra,” Calle 119 y Quinta Avenida. Esta bodega fue comprada por Quevedo y Garrido (hoy disuelta la Sociedad y continúa P. Garrido de solo dueño) a Varela Hermanos —que es donde estos comerciantes empezaron.  Al señor Garrido se le titula “el bodeguero intelectual,” pues antes de entrar al comercio, fue profesor de español en una universidad.  Cuando Quevedo y Garrido adquirieron la bodega, ampliaron el local y agregaron un departamento de carnicería.  Huelga decir que también especializan en productos hispanos y tropicales.

“La Unión Hispana” de Pedro Rodríguez, en la calle 100.  Esa una “bodeguera” que afirma “controlar” la clientela hispana del barrio.  Fue abierta y sigue reventada por su dueño “Don Pedro” —como le llaman sus muchos clientes, todos hispanos—.  Especializa en café y viandas de la patria de Jos´´de Diego —de done él es nativo.

“Great Caribbean Market.”  H. Rubin. En Octava Avenida y calle 112.  Antigua bodega de G. Mediquilla.  Productos hispanos en general y carnicería.

“Muñagorri y Cía.”, en la calle 115.  Productos tropicales, hispanos, del país y carnicería.  Se desarrolló en pocos años.  De un pequeño establecimiento, creció hasta ser bodega grande.  Los dueños son español y puertorriqueño.

“Primo Sánchez”, en la calle 116.  Este es el carnicero que se volvió bodeguero.  El señor Sánchez es el “decano” de los carniceros en Nueva York. Hace 11 años que puso un “boliche” de carnes en la calle 115 donde estuvo por siete años, hasta que abrió la bodega actual —grand y con mucha “parroquia.” Su clientela evoca la Torre de Babel —la forman todas las nacionalidades.

“El Colmado,” calle 116.  De José Carré.  Su buen surtido, tiene productos españoles en su mayoría.  Tiene muy diversa clientela.

“La Marquesa,” Calle 116.  Esta bodega era la que fundó Pedro Pardo, hoy ya retirado y radicado en España. Productos tropicales y del país.

“El Encanto,” calle 116.  De S. Rodríguez.  Jamones gallegos, conservas, aceites, productos tropicales, dulces en general.  Establecida hace como seis años.

“Varela Hermanos.” Lenox Ave.  Es una de las mejores bodegas de Nueva York, “sin exceptuar ninguna española o americana’ como dicen los Varela.  Bien puesta, de surtido extenso y abundantes ventas.  Suman al mes muchos miles de d´lares. Son tres hermanos los dueños y los tres son gerentes:  Antonio, Eliseo y Manuel.  Empezaron con una bodega en el mismo local que ocupa el “Non Plus Ultra” (antes Plus Ultra) hace seis años. Trabajaban los tres hermanos en un taller de mecánica, ahorraron unos “machacones” y los emplearon en este negocio.  Hoy importan directamente y venden al por mayor y menor. El hermano mayor Antonio compra en España mercancía para la tienda.  Usan LA PRENSA y creen firmemente en la efectividad del anuncio y dan al diario crédito por el desarrollo de su negocio.

“Gaspar Mediavilla,” calle 140 y Broadway.  Establecido hace mucho tiempo; abrió y vendió la bodega del “Great Caribbean Market.”  Además de recibir productos españoles en gran cantidad, es uno de los establecimientos que más vende e importa en turrones de España.

“Ortiz y Eslava,” calle 145. Antiguos empleados de G. Mediquilla que han salido buenos discípulos en el arte “bodeguero.” Important y compran en plaza productos españoles.  Venden mucho.

“Fernández y Carrillo,” calle 145.  Antiguamente establecidos en Lenox Avenue, después compraron la bodega que pertenecía a José Serrano.  La tienda actual está muy acreditada y tiene buena venta.

En la ciudad de Nueva York, y sobre todo en Harlem, existen ya más de doscientas bodegas que se están acreditando mucho—y que a la vuelta de otros diez años brillarán también en el “firmamento bodeguero” del comercio hispano— de la ciudad.

En Newark, NJ, hay entre otros “José López y Cía” en Ferry St.  Es una verdadera potencia en su ramo.  En tiempos mejores tenía una oficina de compras en Nueva York —para sus dos bodegas.  Hoy tiene solamente una tienda pero hace buen negocio y controla casi toda la venta hispana de la vecina ciudad.

El comercio de víveres de Brooklyn ha tomado también en estos últimos años un incremento notable, distinguiéndose varias casas que hacen sus compras directas en el extranjero y las distribuyen al por mayor y al detalle.

Entre estas merecen mención especial la Pan American Grocery Co.., Inc, an Atlantic Ave., casa que se especializa en la importancia´øn de frutos tropicales y sostiene comercio activo con los establecimiento de víveres de Nueva York y Brooklyn.  Forman la corporación los hermanos Tejera, de nacionalidad cubana, muy conocidos de la colonia por haber sido también los fundadores del club “Gertrudis Gómez de Avellaneda”.

Otra de las casas dedicada al comercio al por mayor y al detalle, especializándose en la importación de conservas españolas, en pescados y carnes, tiene como propietario a don Francisco Yanes, asturiano, uno de los comerciantes más antiguos en Brooklyn.

Otra casa en Brooklyn que se especializa en víveres finos y de sólida posición financiera es la de F. Bermúdez & Co., en Pearl Street.  Es un establecimiento montado a la moderna y de completo surtido de productos españoles y tropicales y del país, además de variedad de objetos de perfumería y quincalla.

La colonia puertorriqueña está bien representada por la Bodega Hispano Americana de Pedro I. Paradizo, una de las casas detallistas que prospera desde hace seis años en Gold Street.

titular.

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